¿Sueñan las androides con una igualdad eléctrica? En Detroit, parece ser la única forma de vivirla.

¿Sueñan las androides con una igualdad eléctrica? En Detroit, parece ser la única forma de vivirla.

No soy una gran aficionada a los videojuegos, por eso, el modo en que este me ha atrapado con su historia y detalles ya es un logro. Aunque, siendo realistas, es fácil subirme al barco cuando hablamos de inteligencias artificiales, doble moral y revueltas sociales.

Por supuesto, estoy hablando de Detroit: Become Human, el último lanzamiento de David Cage, la mente detrás de Heavy Rain y Beyond: Two Souls (a los que sin duda echaré un vistazo después de esto) que parece seguir empeñado en demostrar que siempre se puede abrir más el árbol narrativo de un videojuego.

Admito que me faltan tablas así que no hablaré de aspectos técnicos. Es otra la razón que me trae aquí: la historia. Por supuesto, si queréis jugar sin spoilers, ¡no sigáis leyendo!

Mi primera reacción fue de lo más positiva. Cada detalle está cuidado a la perfección: el lenguaje, el paralelismo entre los androides protagonistas de la historia con otras minorías (hola, años 60 en EEUU) mientras juegas puedes leer artículos de revistas totalmente factibles en el futuro: noticias sobre cambio climático, demografía, especies extintas… hay una minuciosidad barroca en el detalle, que a fin de cuentas es lo que da chispa a este tipo de historias. La premisa es simple, la hemos visto miles de veces y realmente no hay nada novedoso aquí. Son los detalles los que marcan la diferencia, y este señor parece tenerlo bastante controlado. Tanto, que es fácil perderse en ellos y pasar por alto un par de puntos de los que, creo, no debería cojear un título de estas características.

El juego comparte la narrativa con tres androides: Kara, un modelo doméstico, el androide de compañía Markus y el asistente de policía Connor. Todos mantienen un fuerte vínculo con otro personaje, lo que los lleva al límite de uno u otro modo. Podría decir que la dualidad, la guerra entre máquina y alma, es el core de la historia. Cada androide tiene sus propias razones para convertirse en, en términos del juego, “divergente”, y desafiar las razones de su existencia.

Para Markus es la muerte de Carl, el artista a su cargo, lo que marca su caída a los infiernos como personaje, o más literalmente, a Jericó, donde encontrará el núcleo de una resistencia divergente que, si jugamos bien nuestras cartas, terminará liderando en la lucha por su reconocimiento como seres vivos con derechos.
Hablando de Connor su existencia en sí es un reto, pues está diseñado para encontrar y combatir a los divergentes mano a mano con el (antaño brillante y ahora bastante desastroso) teniente Hank. Para Connor, es precisamente esa la premisa: ¿obedecer lo que ha sido integrado en tu sistema, o rebelarse y luchar por tu pueblo?


Sin embargo, cuando hablamos de Kara, la única protagonista femenina que podemos controlar, su motivación es diferente: su docilidad como androide doméstico para el violento, abusador y drogadicto de Todd se ve truncada cuando este agrede a su “hija” Alice. Eso activa en Kara la necesidad de llevarse a la niña de un entorno peligroso, y emprender una huida donde su bienestar es la máxima, y casi única, prioridad… ¿veis a dónde pretendo llegar?

Defiendo a capa y espada la necesidad de personajes femeninos fuertes y maternales, no me parecen ideas contrarias y no creo que Kara sea menos fuerte que Connor o Markus, en absoluto.
Sin embargo, que la única para la que la revolución tiene menor importancia que cuidar a Alice y huir del conflicto por su seguridad, merece cuanto menos un par de líneas. ¿Por qué es sólo el androide femenino el que siente esta necesidad? En un punto de la historia nos acompaña Luther, otro personaje masculino cuya misión es, qué sorpresa, poner sobre Kara la nota lógica, el “no todo es sobre Alice”, para que Kara pueda replicar que ella es, por supuesto, su prioridad.
Así que para Markus la lucha es su validez como seres vivos, para Connor el debate es rebelarse contra su deber innato, y para Kara la empatía y cuidar del indefenso. Hasta ahí todo bien, mi propuesta es, ¿por qué no ver, por ejemplo, a un androide masculino en el rol de Kara y el de Markus siendo desarrollado por una mujer?

Ese es, precisamente, el segundo punto a debatir.
En Detroit: Become Human las posibilidades son absurdamente extensas, llega a ser abrumador cuánto puede cambiar la historia en función de un detalle. Así, casi ningún personaje está forzado a morir o mantenerse con vida; volviendo al tema, si no juegas bien tus cartas, Markus puede morir. Si esto sucede sería North, una líder divergente en Jericó concebida como una androide para el placer (pues, en la retahíla de clichés futuristas, la prostitución robótica tenía que aparecer por alguna parte) quien toma el mando.
North, quien, recordemos, lleva en la lucha bastante más tiempo que Markus, tiene más dotes militares, y parece bastante más decidida que un androide al que todo esto de la rebelión parece haberle llegado un poco de rebote.
Sin embargo, hasta que Markus llega, nadie se plantea la posibilidad de que North lidere, y cuesta creer que alguien tan directa no haya propuesto la revolución antes. Cuando Markus se erige en jefe, nadie se plantea la posibilidad de North al mando, lo que habría sido bastante más lógico, a fin de cuentas ella conoce mejor el sistema y los medios de que disponen; pero nada de esto sucede. Da la impresión de que, de no ser por el vínculo emocional que comparten (pues, por supuesto, la inicialmente fría y desinteresada North puede terminar abriéndose a una relación con Markus) , la androide ni siquiera estaría en primera línea. Y no acaba aquí, si en tu partida muere Markus, sólo entonces, será ella quien tome el mando, como decisión lógica como pareja del líder, no por sus obvias aptitudes.

En resumen, para un juego que desafía tantos puntos dentro de una narrativa que peca del abuso de clichés como es el cyberpunk, se podría esperar que innovase un poco más en algo como plantear la idea de que si un personaje femenino está más capacitado para liderar que su compañero, sería la opción más lógica que lo hiciera. Que un androide doméstico impulsado por el instinto maternal no tiene por qué ser, en fin, una madre.
Tenemos una narrativa donde un puñado de androides desarrollan emociones y llevan a cabo una guerra civil en contra de sus creadores. Sin embargo, que un personaje femenino no lleve un rol protector o pueda liderar una lucha es lo que sigue pareciendo ciencia ficción.

 

Nani Muñoz

Periodista, escritora y fotógrafa. Me gusta el café y las puestas de sol.

No hay comentarios

Dejar un comentario

Tu email no será publicado