Quiero hablar de Fleabag

Fleabag una opinión propia

Lo primero de todo: no, esto no es una crítica ni un destripamiento a lo Carlos Boyero.
En absoluto. Para nada. Ni de coña. Como dirían en aquello que hoy nos ocupa: esto es una historia de amor.

Las mujeres todavía tenemos un terreno farragoso por delante, pero no podemos negar que en los últimos años se está viendo reconocido nuestro papel en muchos ámbitos, destacando el audiovisual. El pasado 2019 sin duda fue el año de Phoebe Waller-Bridge, que gracias a “Fleabag” (y también «Killing Eve»),  ha roto los esquemas de medio mundo con sólo 12 capítulos divididos en dos temporadas (¿quién diría que se puede contar tanto en tan pocos capítulos de media hora?) y se ha llevado prácticamente todos los premios a los que ha sido nominada. No está mal para lo que muchos catalogarían como “serie para tías.

Cosas de tías

Antes que nada: ya basta de desprestigiar lo que mal llamamos “serie/cine/loquesea para tías. Declaro con orgullo que me he pasado horas y horas viendo dramones victorianos y comedias románticas (aun siendo consciente de que a veces lanzan mensajes algo desafortunados y/o simplistas sobre nuestro papel en la vida y en el mundo) y que considero que muchos son Cine/Series/Loquesea con MAYÚSCULAS.

Eso no quita que pueda divertirme igual y hasta ¿empatizar? con una peli de Vin Diesel robando coches y siendo el más chulo de su barrio o con Bruce Willis liándola en un rascacielos o en un taxi volador, así que no entiendo por qué no puede funcionar al revés, que lo llamado “para tías” se trate como cualquier otro género y se experimente sin prejuicios y que el público que trata esto como una categoría disfrute (o admita disfrutar) con, por ejemplo, Abbi Jacobson e Ilana Glazer flipando con hongos, siendo más macarras que tu menda y haciendo el cafre por Nueva York en «Broad City» o con Meg Ryan intentando mantener su pequeño negocio a flote mientras una voraz multinacional intenta hundirla en «Tienes Un E-mail». ¡Pero si hasta hablaban de El Padrino en esa película…!

Abbi & Ilana (Broad City)

¿Y qué pasa con «Fleabag»?

A ver, que empiezo a desvariar… Volvamos a “Fleabag”: creo que es la primera vez que he tenido conversaciones acerca de una serie escrita, dirigida y protagonizada por una mujer y centrada en sus vivencias románticas y vitales o lo que de toda la vida de Dios ha sido considerado una serie para tías tanto con mujeres como con hombres. Mis amigos han disfrutado con “Fleabag”; se han reído con ella, han pasado vergüenza con ella y han sufrido por sus meteduras de pata.

Y esto es porque Waller-Bridge ha escrito un personaje maravilloso, lleno de luces y de sombras y que, además, no deja de romper la cuarta pared para hacernos partícipes de todo como si fuéramos sus mejores amigos. No es que no se haya hecho antes, pero pocas veces se ha creado esta relación personaje/audiencia de una forma tan fluida. Además no puedo dejar de hablar de la comedia que empapa toda la trama, que está abordada con el sentido del humor que es necesario para salir bien parado de este viaje llamado vida. Y es que si no nos reímos de nosotros mismos y de lo que nos pasa, aunque sea con un humor más negro que el averno, no salimos de los hoyos que a veces nosotros mismos escarbamos. Y en “Fleabag”, como en la vida misma, hay muchos momentos en los que nos reímos por no llorar.

Phoebe Waller-Bridge

Vale, ¿pero esto de qué va?

La primera temporada nos presenta a Fleabag (la protagonista no tiene nombre, simplemente es Fleabag, “saco de pulgas”), una treintañera algo obsesionada con el sexo o, más bien, con la idea de que quieran tener sexo con ella. Nos muestran la relación con su familia (una hermana “perfecta”, un padre ausente, una madrastra pasivo-agresiva, un cuñado con todo lo que la palabra “cuñado” implica a día de hoy…) y el percal en el que se encuentra (su negocio se va a la porra, su mejor amiga ya no está y parece necesitar una cierta carga de drama para llevar mejor la jornada). Los acontecimientos acabarán desembocando en un clímax desgarrador, pero que acabará siendo sanador para la protagonista.

En la segunda temporada se nos habla de la redención, del perdón y la esperanza, algo que Fleabag anda buscando tras la catarsis de la temporada 1 y que alcanzará a través de ¿Dios? No quiero hacer spoilers, pero la segunda temporada es desternillante y nos presenta a uno de los personajes más memorables de la televisión de los últimos años, el Hot Priest (o cura sexy).

Rompiendo tabúes

Durante toda la serie se habla de lo que es ser (en el sentido más físico y/o cis) mujer: menstruación, menopausia, sexualidad, el no encajar con el concepto de “buena” feminista… Todo sin pelos en la lengua y sin simbología (que simbología en la serie hay, pero no para estos temas) y creo que precisamente por esto ha resultado ser un soplo de aire fresco. Siempre ha habido una especie de secretismo en lo concerniente al cuerpo y a la sexualidad femenina: hablar de ello es tabú, es sucio, de mal gusto y por eso hay que esconderlo para que no se entere nadie, aunque hablemos de algo que comparte más de un 50% de la población mundial.

«[…] Las mujeres nacemos con el dolor incrustado dentro. Es nuestro destino físico: dolores de regla, de pechos, dar a luz, ya sabes. Lo llevamos dentro durante toda nuestra vida y los hombres, no. Ellos tienen que buscarlo. Inventan todos estos dioses y demonios y demás sólo para poder sentirse culpables sobre las cosas, que es algo que hacemos muy bien por nosotras mismas. […]»

Fleabag, Temporada 2.

Creo que el hecho de no tratar al público de tonto o infantil y decidir llamar a las cosas por su nombre hace que nuestra capacidad para empatizar aumente. Más creadores deberían entender que si no hablamos de nuestras experiencias de forma clara y que si seguimos tratando asuntos como tener la regla como si fuera algo secreto y que implica nubes y un líquido azul, sólo contribuimos a reforzar la ignorancia y a llevar asuntos que pertenecen a lo cotidiano a una categoría de fantasía, deshumanizando a un gran sector de la población en el acto.

«I always knew that saying the unsayable was going to be a powerful thing.» 

(«Siempre supe que decir lo indecible iba a ser algo poderoso.»)

– Phoebe Waller-Bridge

Lo bueno de la ficción es que, aunque no sea cierta, tiene mucha verdad en ella y creo que a través de una idea realmente se puede cambiar el mundo. Para ir acabando, no digo que “Fleabag” vaya a cambiar a la sociedad de golpe y porrazo porque no es ése su papel, pero quizás allane un poco el camino para que otras historias sobre mujeres lleguen a un público más amplio y dejen de ser consideradas obras dentro de una subcategoría y sean tratadas como lo que son: historias sobre personas. Al final, “Fleabag” es eso, una historia sobre una persona. Y sobre el amor (el propio que acaba derivando en el amor hacia el otro). Y es que no hay nada más humano que el amor.

Afri DeLarge

Melómana, cantante de rock y fan de las tartas. A veces escribo cosas.

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