Kathleen Hanna: historia de una chica airada

En 1989 la escritora norteamericana Kathy Acker organizó un taller en Seattle. Allí conversó con una joven universitaria, participante habitual en sesiones de spoken word (una modalidad de performance poética), que había viajado desde Olympia (Washington) para conocerla porque era una aspirante a escritora. Acker le preguntó que por qué quería escribir. “Porque nadie me ha escuchado en toda mi vida y tengo todas estas cosas que quiero decir.” Acker le recomendó entonces que montara una banda porque “nadie va a ver spoken word, pero todo el mundo va a ver a las bandas.”

Aquella joven de Olympia se llamaba Kathleen Hanna. Después de escuchar aquellas palabras volvió a casa y montó una banda.


Tras la segunda ola surgida en los años 60, se decía que el feminismo había muerto, que ya no había nada por lo que luchar, pues el sufragio femenino y la igualdad ya se habían conseguido.

Según este testimonio extraído del documental “The Punk Singer”, el nacimiento de Bikini Kill se debió a la casualidad, a que alguien estuvo en el lugar adecuado en el momento oportuno. Pero sin duda era algo que tenía que existir; el curso de los acontecimientos de la época lo pedía a gritos. Tras la segunda ola surgida en los años 60, se decía que el feminismo había muerto, que ya no había nada por lo que luchar, pues el sufragio femenino y la igualdad ya se habían conseguido (al menos sobre el papel). Pero entonces apareció esta fuerza de la naturaleza llamada Kathleen Hanna dispuesta a romper todos los cánones y a denunciar el acoso, las violaciones, el estupro y la violencia sobre las mujeres. Todo esto en un terreno todavía hostil para ellas: la escena punk y hardcore de principios de los 90.

Kathleen no sabía tocar ningún instrumento, pero acabó logrando que la bajista Kathi Wilcox, la batería Tobi Vail y el guitarrista Billy Karren (a.k.a. Billy Boredom) se unieran a su proyecto, Bikini Kill. Ninguno era un virtuoso, pero en ese momento lo importante no era la forma sino el contenido, y las letras de Kathleen Hanna estaban llenas de denuncia, rabia, emoción y realidad; además la propia vocalista demostró tener más carisma que muchas personas con más rodaje y técnica.

New Radio — Bikini Kill


Al grito de “all the girls to the front!” (“¡todas las chicas al frente!”), ordenaba a los hombres que acudían a sus conciertos que por una vez en sus vidas fueran guays y dejaran a las chicas ocupar las primeras filas.

Su sola presencia sobre el escenario rompía con lo establecido: hasta aquel momento las mujeres que estaban al frente de un proyecto musical tenían que cumplir con ciertos estándares como ser bonitas y deseables, pero sin “ir pidiéndolo”; hablar de “sus cosas”, no ser demasiado estridentes… Sin embargo, quien fuera a un concierto de Bikini Kill quedaba en shock al ver a la menuda vocalista cantando a voz en grito con su Valley girl accent (o acento de niña pija) y con palabras como “puta” o “incesto” escritas en su piel. Al principio te la encontrabas bailando y saltando como una niña pequeña y un segundo después adoptaba una actitud hipersexualizada. Cogía todos los extremos y los fusionaba en sí misma. Todos tenían cabida en su actuación y en su discurso sin ser objeto de burla o reproche porque la vocalista de Bikini Kill representaba a todas las mujeres y cantaba su verdad y sus pensamientos a todo aquel dispuesto a escuchar.

Al grito de “all the girls to the front!” (“¡todas las chicas al frente!”), ordenaba a los hombres que acudían a sus conciertos que por una vez en sus vidas fueran guays y dejaran a las chicas ocupar las primeras filas. Y es que, como ya hemos comentado, la escena punk y hardcore aún era un territorio hostil para la mujer, que siempre acababa permaneciendo en un segundo plano, ya no sólo por los mosh pits y pogos en los que la mayoría de ellas no se atrevían a participar por temas de integridad física, sino también por el acoso y los tocamientos indeseados. La presencia de Kathleen Hannah sobre el escenario ayudó a que esto cambiara, a que las chicas tuvieran su hueco en la escena, pero ya no sólo entre el público. También sobre las tablas. Y es que la filosofía DIY de la que hacían gala Bikini Kill provocó que cualquiera se viera capaz de ir a una sala a tocar sus canciones. No era sólo una cuestión de talento, era una cuestión de actitud.

La repercusión política no tardó en aparecer: diversos acontecimientos como el caso de Anita Hill o un tiroteo en una universidad en el que murieron 14 jóvenes feministas fomentaron que Hanna, junto a Tobi Vail (Bikini Kill), Jen Smith, Allison Wolfe y Molly Newman (estas tres del grupo Bratmobile) crearan el fanzine “Riot Grrrl” y con ello se podría decir que, de forma oficial, nace el movimiento del mismo nombre. Según el Manifiesto Riot Grrrl, este movimiento estaba estrechamente ligado al arte, la música y la cultura alternativas; querían facilitar el acceso de la mujer a estos ámbitos bajo sus propias condiciones y sin ser tratadas de grupis o novias-de; estaban fuertemente en contra del capitalismo… Es un texto no muy extenso que merece la pena leer.

A partir de ese momento la popularidad de Bikini Kill fue en aumento, a pesar del trato condescendiente de la prensa. Hartas de este trato, las integrantes del grupo decidieron dejar de conceder entrevistas a la mayoría de los medios. No querían que se frivolizara con su imagen, su mensaje y sus vidas privadas; prefirieron que la suya fuera una revolución llevada al margen de lo mainstream, siendo coherentes con su ideología.

Allanó el camino para que más chicas pudieran subirse a los escenarios alternativos con nuevas propuestas y reivindicaciones y visibilizó el feminismo de una forma completamente nueva y efectiva.

Sin embargo, Bikini Kill se acabarían separando en 1997, aunque no por ello dejaríamos de oír hablar de Kathleen Hanna. Tras la disolución creó en solitario Julie Ruin y su álbum homónimo, el cual fue tocado, cantado y producido enteramente por ella en su dormitorio y valiéndose de un sampler.  Esta nueva referencia surgida en gran parte por el trauma provocado por sus vivencias en Bikini Kill, poseía un corte más intimista y electrónico y fue algo creado para su propio escape y para encontrar de nuevo su voz. Se convertiría en la reafirmación de Hanna, ya no sólo como vocalista, sino como música por pleno derecho.

Julie Ruin Full Album

Después de dejar Olympia y mudarse a Portland, conocería a la música y escritora Johanna Fateman, con quien decidiría montar un nuevo grupo. Se mudarían a Nueva York y allí, junto a JD Samson, vería la luz Le Tigre. Con un discurso feminista y proLGTB (o como ellas decían: “contenido político radical bailable”), Le Tigre era un grupo de electroclash poseedor del mismo desenfado de los inicios de Hanna, pero con un sonido más sofisticado y maduro, una estética más elegante y en el que realizaban algunas coreografías, resultando un espectáculo de lo más original y dinámico.

Le Tigre — Deceptacon

Debido a los problemas de salud de Hanna, a la que habían diagnosticado tardíamente la enfermedad de Lyme, tuvieron que anunciar que se tomaban un extenso descanso en 2007. Aún así, durante su convalecencia, creó The Julie Ruin, continuando con su proyecto en solitario Julie Ruin, pero esta vez como una banda.

El pasado 15 de enero, Kathleen Hanna anunció en redes sociales el regreso de Bikini Kill a los escenarios. En principio sólo serán cinco fechas en los Estados Unidos, pero estamos a la espera de si habrá una gira más extensa. Personalmente estoy deseando ver el impacto que tendrá este regreso en la sociedad estadounidense (y mundial, por qué no) sabiendo cómo está el panorama.

No sabemos con qué nos sorprenderá esta artista en el futuro más allá de los conciertos que ha anunciado con Bikini Kill, pero la importancia de su legado es indudable: allanó el camino para que más chicas pudieran subirse a los escenarios alternativos con nuevas propuestas y reivindicaciones y visibilizó el feminismo de una forma completamente nueva y efectiva. Además, ¿sabíais que sin ella “Smells Like Teen Spirits” de Nirvana probablemente no habría existido?


Para finalizar os dejamos una playlist con algunas de las canciones que mejor ilustran la trayectoria de Kathleen Hanna para vuestro disfrute y estudio. All the girls to the front!

Kathleen Hanna UOP playlist
Afri DeLarge

Melómana, cantante de rock y fan de las tartas. A veces escribo cosas.

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