Montserrat Caballé

«Aspiro a que se me recuerde, antes que nada, por mi amor a la música. Y eso no implica encasillarme en ninguna especialidad, porque la música no se puede encasillar»

Montserrat Caballé

En octubre se cerró el telón para Montserrat Caballé dejando atrás una vida dedicada a la música. Se ha ido una voz prodigiosa que enmudecía teatros de todo el mundo, lo que ha hecho que se la considere una de las grandes voces líricas del siglo XX.

La soprano hizo que hasta los no muy amantes de la ópera descubrieran que la voz es el más poderoso instrumento porque sale de dentro, de lo que sentimos; la voz suena a vivencia, a emociones escondidas, a palabras que hieren, a palabras que nos avivan… y si logramos controlarla puede quedarse marcada hasta en la más dura memoria. 

La voz es el vehículo con el que los cantantes nos cuentan historias, cuando se unen voz, sentimiento y talento se crea una mezcla que es capaz de hacernos vivir sin necesidad de movernos del sitio.

Montserrat poseía todo lo necesario para hacer que un teatro entero cayera rendido a sus pies. No es necesario saber de música para entender todo lo que su presencia en el escenario transmitía.

Cuando escuchas a Caballé te transportas a un vaivén de vivencias, te mueves por ondas musicales que ella construye con su voz y te meces por las sensaciones que ella te trasmite. Sin darte cuenta las notas bailan en tus oídos, viajan dentro de ti y te tocan por dentro.

La ópera ha perdido a una gran referente y la música a una gran artista; hay voces que se clavan en la memoria y la de Montserrat Caballé es una de ellas.

Allá donde este su voz seguirá tocándonos.

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